A pesar de todo toca levantarse y continuar trabajando por tener un mundo mejor

Ayer sonó el despertador y fui a coger el tren para ir a Barcelona como la mayoría de días desde hace un montón de años, pero no era un día normal.

Cuando vi acercarse el tren al que tenía que subir tuve la misma sensación que el día 12 de Marzo de 2.004 pensando en las víctimas inocentes que subieron el día anterior a un tren como aquel que iba a coger yo en Madrid para ir a trabajar y no volver nunca más a sus casas.

Al llegar a la ciudad pensé en las dos jóvenes turistas con las que hablé la tarde anterior recién llegadas a Barcelona, perdidas preguntándome por su hotel y que se fueron agradecidas con mi mapa del metro. Si tuvieron tiempo seguramente fueron también al centro a pasear por nuestras Ramblas como hacemos todos habitualmente y vivieron aquel drama, como otra gente de bien que se acercó a disfrutar aquella tarde de la ciudad y ya jamás volverán a sus casas.

El miércoles nos tocó de cerca y la rabia, impotencia, tristeza, … se adueñaron de nosotr@s. Igual como nos ocurre cuando oímos que sucede uno de estos atentados en una ciudad en la que hemos estado y recordamos sus calles, como nos debería ocurrir cuando escuchamos las guerras y atrocidades que suceden en el mundo, pero como eso nos pilla más lejos parece que seamos inmunes y nada más lejos de la realidad.

Todas las vidas de inocentes valen lo mismo y sus muertes injustificadas deberían doler lo mismo sucedan a 100 metros o a 10.000 kilómetros y me da la sensación que no es así.

Lo único que reconforta de lo sucedido es ver la solidaridad y la unión de la gente ante estas situaciones, aunque mañana o quizás ya hoy mismo los que nos mandan se echarán las culpas unos a otros como nos tienen acostumbrados.

Ayer fue un día difícil, pero volvió a salir el sol como lo hará mañana. Sólo nos queda levantarnos y ser fuertes porque no podemos permitirnos que nos den miedo por los que se fueron, los que estamos y los que vendrán.