La evolución y reflexiones de una triste aficionada

Aquí quien escribe seguía al baloncesto masculino hace mucho tiempo, concretamente era de la Penya por aquello de un equipo con mucha gente de casa. Llegó un momento en que no supe pronunciar el nombre de los jugadores del primer equipo porque todos eran extranjeros y dejé de seguirlo porque no me transmitía nada que cada temporada hubiese tanta rotación y ahora no sé ni qué equipos componen la Liga Endesa.

Unos años después de pasar totalmente del baloncesto supe que tenía cerca al Uni Girona, pero nunca las había seguido y menos a la Liga Femenina. Tampoco los medios ayudaban entonces a promocionarlo, pero tampoco lo hacen ahora desgraciadamente. Un día vi la final de la primera liga que ganó el Uni contra el Perfumerías por la tele, mi hermano que estaba en Fontajau me llamó alucinando por el ambiente, me trajo de recuerdo mi primera bufanda y allí empezó todo.

Al año siguiente me aboné al Uni, al siguiente me seguí abonando para ver a todos los equipos que se enfrentaban al Uni, luego me aboné también al Snatt’s Sant Adrià para ver a las lilas y tener otra visión de la misma liga y hacía doblete. Así han pasado cinco años ya y ahora tengo simpatía por algunos equipos, pero hay partidos en que ya no sé ni con quien voy.

Yo apenas soy una recién llegada y en estos años algunos avances he visto. El nivel deportivo ha subido, pero es evidente que el baloncesto femenino continúa estando en un segundo plano, incluso para quienes gestionan la competición y eso ya es rizar el rizo.

Todavía recuerdo el Mundial «histórico» desaprovechado de Tenerife donde fui a ver baloncesto y escuché 49 himnos en el que mientras veía los pabellos vacíos y sin apenas publicidad escuchaba por parte de la organización que aquello era un éxito o cuando fui a un Open Day donde se me cayó el alma a los pies por saber aprovechar tan poco aquella oportunidad.

Me fastidia un montón cuando se dice que esta liga no es profesional, pero como dice el dicho la mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo y en ese aspecto aunque nos lleguen a bautizar como una liga ‘profesional’, que nuestras jugadoras evidentemente lo son si viven de esto, nos queda mucho terreno por recorrer.

Más allá del título los clubes deberían tener estructuras como dios manda, quienes forman parte de la competición deberían actuar como profesionales y evitar ciertas declaraciones fuera de lugar en redes sociales que dejan a caer de un burro la imagen de nuestra competición porque esto parece en ocasiones un patio de colegio donde algunos se van tirando pullitas, los medios de comunicación deberían seguirnos y no tenernos que quejar porque no saben ni que existimos, deberían pagar por retransmitir nuestros partidos, deberíamos tener unas plataformas que nos permitan ver dignamente los partidos en condiciones y un largo etcétera.

Se debería aprovechar el buen nivel de baloncesto que tenemos para crecer, pero esa profesionalización tal como lo veo sólo será posible cuando tengamos dinero. Idealmente éste debería proceder de  la entrada de patrocinadores, pero mucho me temo que nos podemos dar con un canto en los dientes si conservamos a los patrocinadores que tenemos y más en los tiempos que corren.

Así que mucho me temo que la profesionalización del baloncesto femenino sólo vendrá por la «adopción» de los equipos de la Liga Endesa que ya han empezado a desembarcar y ahí hay aspectos positivos, pero a su vez le veo muchos negativos.

El positivo pues que fluirá más capital que es de lo que se trata, pero como esta adopción no se haga con un poco de tacto y sentido común subiendo los equipos desde abajo se perderá la esencia del club de origen y el proyecto puede irse al garete porque bien sabemos que las catedrales necesitan unos buenos cimientos y no todo es dinero, hay que saberlo utilizar y conseguir encajar las piezas.

Si esta adopción acaba siendo generalizada corremos el alto riesgo que se nos lleve por delante a algunos de esos clubes humildes que han aguantado la competición todos estos años porque es evidente que no podrán competir en las mismas condiciones y será una verdadera lástima porque ellos con más dinero probablemente hubiesen hecho maravillas.

Son reflexiones en voz alta después de ponerte frente al ordenador y no poder ver un buen partido por problemas ‘técnicos’, comprobar como se ha invertido un dineral sin saberlo aprovechar, leer esta semana algunas declaraciones en las RRSS más bien poco profesionales, conocer el nombramiento de unas nuevas comisiones en los organismos para los próximos cuatro años poco paritarias, haber sabido esta semana que en 2008 ya existía un convenio colectivo de las jugadoras que nunca se volvió a renovar porque no existía la asociación de clubes que actualmente ya existe, pero que sinceramente no sé a qué se dedica porque en el 2020 ha retuiteado 8 tweets y el último es de septiembre, comprobar que un grupo de aficionados que aman este deporte son quienes se mantienen al pie del cañón para divulgarlo con mucho voluntad y pocos medios mientras los profesionales de esto en nuestro país siguen pasando de las nuestras, …

Veremos que nos depara el futuro, aunque hay días sinceramente que estoy tentada en volver a engancharme al baloncesto masculino viendo a la Penya de Carles Durán porque me cuentan que ahora ya puedo casi nombrarlos a todos y seguro que me ahorraría disgustos. De momento mientras me decido esta tarde veremos la LF2, mañana lo que queda de la LF y la semana que viene Euroliga y Eurocup porque debemos estar enfermos.

No sé, desde que sigo el baloncesto femenino tengo la sensación que me ha salido la vena reivindicativa porque antes yo no era así. Habrá que esperar a que Popovich se resfríe a ver si Hammond sigue haciendo historia y así hablan de nuevo de las mujeres y el baloncesto porque si no está visto que no somos noticia. Toca aguantarse porque así tenemos el patio, pero me fastidia mucho la verdad la situación y el conformismo … es muy cansino.

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